*Crédito fotográfico: Estación de trenes de Durán, Duval Bajaña Arizala (2021)
Llega el fin de semana, alguien en Durán desea salir a un evento en vivo. Revisa las redes, pregunta, busca… y la respuesta apunta al mismo lugar: Guayaquil. La cultura, para quienes habitan en Durán, parece ocurrir al otro lado del puente. Pero ¿eso ocurre por la falta de propuestas o el desinterés de sus habitantes? En este artículo indagamos qué tan importante son el arte y la cultura para la ciudadanía duraneña.
Por Ricardo Díaz M.*
Tener que cruzar el puente para ser parte de iniciativas culturales no tiene que ver con un desinterés en las propuestas que se crean en Durán. Esta dinámica devela un problema estructural que involucra el acceso, la oferta y el valor simbólico de la práctica cultural dentro del territorio. A partir de una encuesta realizada a habitantes de Durán, este artículo analiza cómo se consume cultura en el cantón y qué factores influyen en la decisión de asistir o no a actividades culturales.
Un total de 75 personas que viven en las tres parroquias urbanas (Eloy Alfaro, Divino Niño y El Recreo) del cantón Durán respondieron a la encuesta[1]. Debido al tamaño de la muestra en relación con la población total del cantón, los resultados deben entenderse como un acercamiento exploratorio y no como una representación estadística absoluta de la ciudadanía duraneña.
Lo que salta a primera vista es que una parte significativa de la ciudadanía duraneña reconoce la importancia del arte y la cultura en su vida cotidiana y en el desarrollo de la ciudad. En una escala del 1 al 5, la valoración promedio alcanza 3.79, lo que evidencia una apreciación positiva del arte dentro de la vida cotidiana. A esto se suma que la mayoría de los encuestados considera que deberían existir más actividades culturales en el cantón, lo que sugiere que el problema no viene de la valoración simbólica del arte, sino de las condiciones reales de acceso y oferta cultural dentro del cantón.
Durán por dentro: ¿qué espacios culturales están realmente disponibles?
Hablar de consumo cultural en Durán implica revisar qué tan posible es consumir cultura sin salir del cantón. Desde el punto de vista institucional, César Suárez, Promotor Social de la Jefatura de Turismo y Formación Artística, sostiene que la gestión cultural del municipio se ha enfocado en la activación de espacios públicos existentes —como la Biblioteca Municipal, la Galería Turística o el Malecón Roberto Gilbert— mediante programaciones semanales y eventos como los “Viernes Culturales”[2]. La estrategia se basa en brindar actividades sin costo porque se consideran una necesidad social. Esto es necesario en un entorno donde gran parte de la población prioriza sus recursos económicos en otros temas antes que en el arte.
Como parte de esta estrategia institucional, el municipio mantiene en ejecución obras de mejora en infraestructura cultural. Entre ellas se encuentra la remodelación de la Biblioteca Municipal Rosa Pazmiño de Guevara y de la Galería Turística, con un presupuesto aproximado de USD 52000 y un plazo de ejecución de 60 días, iniciada a comienzos de 2025[3]. Si bien estas intervenciones apuntan a mejorar los espacios disponibles, su impacto en el consumo cultural dependerá de que vayan acompañadas de programación constante, mediación, formación de públicos y apoyo sostenido a los creadores locales.
Sin embargo, esta gratuidad también expone una tensión. Desde la economía de la cultura, la dependencia casi exclusiva de eventos gratuitos financiados por el municipio limita la sostenibilidad de los proyectos artísticos y refuerza la percepción de la cultura como un “servicio municipal” más que como un sector productivo. Los registros de contratación pública muestran que la mayor parte del presupuesto cultural se concentra en logística para eventos puntuales, como los más de USD 445000 destinados para actividades culturales y navideñas en 2024[4], mientras que iniciativas orientadas a la formación de públicos, la circulación de artistas locales y el desarrollo de procesos culturales sostenidos reciben menos atención.
Esta lógica de gratuidad choca con un dato que arrojó la encuesta. Resulta que, aunque gran parte de la oferta en Durán es gratuita, una proporción importante de los encuestados afirma que estaría dispuesta a pagar por una entrada si el evento es de calidad, cuenta con buena organización y ofrece una experiencia significativa. Esto sugiere que hacen falta modelos donde se combine lo público con lo privado, permitiendo que el trabajo de los artistas se pague como corresponde sin que eso signifique dejar fuera a quienes no tienen muchos recursos.

Figura 1. Respuestas sobre el pago de entradas para eventos culturales en Durán
Los artistas y gestores locales sienten de cerca este abandono. Jorge Loaiza, presidente de la Red Durán de Gestión Cultural y Patrimonial y representante de la primera Orquesta de Cámara de Durán, señala que sostener proyectos culturales en el cantón depende casi siempre de la autogestión, el voluntariado y acuerdos que no siempre se mantienen[5]. Al no existir espacios adecuados ni presupuestos fijos, muchas iniciativas terminan desapareciendo o se ven obligadas a mudarse a Guayaquil, donde existen más posibilidades de financiamiento, visibilidad y público.
El artista Duval Bajaña coincide en que la ciudad simplemente no tiene dónde mostrar el talento local de manera seria[6]. Hay mucha creación vinculada a la identidad duraneña, pero circula muy poco dentro del propio territorio. Al final, los espacios que existen no alcanzan para una población tan grande porque no hay una gestión continua ni un modelo económico claro. Esta desorganización impide que la ciudadanía duraneña cree el hábito de asistir a eventos locales y refuerza la idea de que para asistir a una actividad de calidad, hay que cruzar el puente.
Gasto, tiempo y acceso: el consumo cultural de los duraneños
Los resultados de la encuesta realizada para este artículo muestran que el consumo cultural en Durán está principalmente limitado por la situación económica actual. La mayoría de los encuestados gastan hasta USD 30 por salida cultural, lo que sugiere que estas actividades no forman parte de una práctica regular, sino que se realizan de manera ocasional y planificada.

Figura 2. Distribución del gasto por salida cultural
Es necesario acotar que los valores hacen referencia al total del gasto por persona e incluyen: entrada, transporte y alimentación. Este consumo ocurre tanto en Durán como fuera de la ciudad, principalmente en Guayaquil. Esta distinción es importante porque tener que moverse a otra ciudad eleva el costo de cualquier salida y eso termina influyendo en la decisión de salir o quedarse en casa.

Figura 3. Lugar principal de consumo cultural según encuesta
Aunque existen casos puntuales donde el gasto es mayor, estos suelen estar vinculados a talleres o conciertos. Sin embargo, para muchos el obstáculo no es solo el dinero, sino el tiempo disponible para participar en actividades culturales. Durán es una especie de “ciudad dormitorio” para una parte importante de su población porque trabajan fuera y regresan tarde a sus hogares. En este contexto, el consumo cultural suele ser mayor en fines de semana o fechas festivas y se enfoca en opciones de acceso rápido como el cine, la música en vivo y las ferias.

Imagen 1. Vista del Paseo Shopping Durán. Imagen tomada de las redes oficiales del Paseo Shopping.
Esta preferencia por experiencias cortas sugiere que el gasto cultural se orienta a momentos específicos y no a procesos de formación o a una cartelera estable en el cantón. Desde un punto de vista simbólico, esta dinámica influye en cómo se valora lo local. Cuando consumir arte implica salir del cantón o se limita a eventos aislados, la cultura empieza a verse como algo inusual y no como parte de la vida diaria. Esto refuerza la idea de que Durán es solo un espacio de tránsito y que la cultura “de verdad” ocurre siempre en otro lugar.
Así, el consumo cultural no puede explicarse solo como una cuestión de interés individual porque está marcado por la economía y los horarios de trabajo. Por eso, reconocer estas limitaciones es el primer paso para plantear soluciones que no solo busquen producir espectáculos. Se necesitan políticas que entiendan cómo vive la ciudadanía duraneña y que se adapten a sus circunstancias reales para que el arte deje de ser algo lejano.
Entre Guayaquil y el territorio: difusión, identidad y circulación cultural en Durán
Guayaquil funciona como un centro cultural metropolitano que acapara espacios, programación y circulación artística, lo que deja a Durán en un segundo plano a pesar de su cercanía geográfica. Cruzar el puente es más que un simple viaje: representa el salto hacia una oferta cultural que la gente percibe como mucho más variada, profesional y constante. Esta percepción condiciona las decisiones de consumo cultural de los habitantes de Durán y refuerza la dependencia hacia una oferta externa.
La manera en que se difunde la cultura en Durán responde a una estrategia institucional determinada por factores sociales, del territorio y de seguridad. Desde el municipio, la difusión prioriza eventos masivos, gratuitos y de fácil acceso, con horarios que reduzcan riesgos y faciliten la asistencia. Esto busca garantizar la participación del público en un contexto donde salir de noche o movilizarse por la ciudad no siempre es una opción viable.
César Suárez señala que esta estrategia responde a una realidad concreta: no se puede programar ni comunicar la cultura ignorando las condiciones del entorno. La seguridad, en particular, se vuelve prioritaria en la planificación. Es por ello que los eventos con mayor difusión suelen concentrarse en espacios abiertos y controlados, con fuerte presencia logística y policial. Así, la difusión no solo invita, sino que termina definiendo qué tipo de cultura es posible mostrar públicamente.
El problema es que esta forma de trabajo tiene efectos secundarios. Al darle tanta importancia a lo masivo y a lo rápido, se dejan de lado los procesos culturales que llevan tiempo, las ideas experimentales o los proyectos de barrio que no caben en un show de un solo día. Si lo analizamos desde la arista económica, el apoyo se reduce solo a las propuestas que se pueden “consumir” rápido, mientras que los procesos de creación, formación y circulación de largo aliento se quedan fuera del radar público.
Para los gestores y artistas locales, esta situación agudiza la brecha entre el sector independiente y las instituciones públicas. Jorge Loaiza advierte que, aunque existen artistas y colectivos con fuerte vínculo a la identidad duraneña, sus propuestas rara vez logran entrar en los canales oficiales de difusión de manera continua. La falta de criterios claros, calendarios estables y acompañamiento institucional hace que muchos proyectos dependan de la autogestión o de oportunidades aisladas, sin garantía de permanencia ni crecimiento.
Duval Bajaña enfatiza en que esta falta de circulación de obras locales afecta directamente la identidad cultural. Cuando las expresiones de artistas del cantón no se difunden de forma sostenida, la ciudadanía no se ve reflejada en ellas. El resultado es una identidad fragmentada, donde lo duraneño se menciona mucho en los discursos, pero no como logra conectar con quienes tienen una relación directa con el territorio. En ese sentido, las dificultades de difusión y circulación cultural provocan que hasta los propios artistas desconozcan muchas de las actividades y propuestas que se desarrollan en el cantón.
Este escenario resulta en especial contradictorio si se considera que Durán ha sido presentado en distintos discursos institucionales como una ciudad con valor patrimonial e histórico, e incluso fue designada por la UNESCO como Ciudad Creativa en 2015. Sin embargo, si no hay una política clara para difundir y apoyar a sus creadores, todos esos títulos se quedan en palabras rimbombantes que no cambian en nada la dinámica cultural real de la ciudad.
De esta manera, la difusión cultural en Durán termina cumpliendo una doble función: por un lado, garantiza acceso y presencia pública pone límites a lo que se considera “importante”. Entender la difusión como una herramienta estratégica (y no solo comunicacional) permite cuestionar qué cultura se promueve, a quién beneficia y qué queda fuera. Este análisis resulta necesario para pensar en una política cultural que no solo muestre eventos, sino que construya identidad, procesos y sentido de pertenencia en el territorio.
El desafío de habitar la otra orilla
A lo largo de este recorrido queda claro que el consumo cultural está atravesado por condiciones económicas, temporales y territoriales que limitan el acceso y moldean las decisiones cotidianas. Cuando asistir a una actividad implica gastar más de lo disponible, salir del cantón o reorganizar horarios de trabajo, la cultura deja de ser una práctica habitual y se convierte en una excepción.
Desde la gestión institucional, la apuesta por eventos gratuitos y masivos responde a una necesidad social real, pero también evidencia las grietas de un modelo que prioriza la visibilidad inmediata sobre la sostenibilidad cultural. La concentración del presupuesto en eventos puntuales, la difusión selectiva y la falta de procesos continuos afectan directamente a artistas y gestores locales, que encuentran pocas condiciones para desarrollar proyectos estables dentro del territorio.
Esta dinámica impacta de forma directa en la construcción de identidad. Aunque Durán cuenta con creadores vinculados a su historia y memoria colectiva, la poca circulación de sus obras y eventos impide que la ciudadanía se reconozca en ellas. La cultura local existe, pero no logra instalarse como experiencia cotidiana, reforzando la idea de que lo cultural siempre ocurre en otro lugar y que el cantón funciona más como espacio de tránsito que como territorio creativo.
Pensar la cultura en Durán desde la economía de la cultura implica ir más allá del número de eventos o de la gratuidad. Supone preguntarse cómo se distribuyen los recursos, qué prácticas se legitiman, qué públicos se forman y qué identidad se construye a largo plazo. Reconocer estas necesidades no busca deslegitimar los esfuerzos existentes, sino abrir el debate sobre la importancia de generar políticas culturales que dialoguen con la realidad de la ciudad, fortalezcan procesos y no solo espectáculos.
Los datos de la encuesta confirman que existe una ciudadanía interesada, crítica y dispuesta a participar activamente en la vida cultural, siempre que las condiciones lo permitan. Ignorar esta disposición implica desaprovechar un potencial público que podría sostener procesos culturales más estables y arraigados en el territorio. En ese sentido, el desafío no está únicamente en llevar cultura a Durán, sino en permitir que Durán se reconozca a sí mismo como un espacio cultural vivo. Solo así el puente dejará de ser una frontera simbólica y la cultura podrá habitar, de manera sostenida, la otra orilla.
[1] Ricardo Díaz, “Encuesta sobre prácticas y percepciones culturales en el cantón Durán”, elaboración propia, 2026.
[2] César Suárez, entrevista personal, promotor cultural de la Jefatura de Turismo y Formación Artística del cantón Durán, 2026.
[3] Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal del Cantón Durán, Informe de Rendición de Cuentas 2024. Durán, Ecuador, 2025.
[4] Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal del Cantón Durán, Informe de Rendición de Cuentas 2024 – Dirección General de Compras Públicas. Durán, Ecuador, 2025.
[5] Jorge Loaiza, entrevista personal, gestor cultural del cantón Durán, 2026.
[6] Duval Bajaña, entrevista personal, artista del cantón Durán, 2026.
*Ricardo Díaz es un artista y estudiante de Producción Musical y Sonora en la Universidad de las Artes, nacido en Durán, Ecuador. Sus intereses están relacionados con la música, el sonido, la creación artística y las formas en que las personas se relacionan con la cultura en su vida cotidiana. Ha participado en proyectos musicales, educativos y creativos, explorando diversas maneras de conectar arte, identidad y experiencia personal
