Mujeres cantoras luchan por romper la brecha de género en el sector musical

 En Imbabura, un proyecto reúne a mujeres cantoras que desde sus territorios luchan para preservar la lengua y romper la brecha de género en el sector musical.

Por Gissela Carlos*

La falta de visibilidad, salarios inferiores, sexismo, son algunos de los obstáculos que las mujeres deben enfrentar para hacer carrera en la industria musical. Esto explica porque la participación de las mujeres sigue siendo minoritaria: según ONU noticias (2019), un 30 % de mujeres son parte de la industria, mientras que el 70 % son hombres.

En Ecuador las cifras también muestran este desbalance, pues según la 2da Encuesta de Condiciones Laborales de los Trabajadores de las Artes y la Cultura, “201 personas se dedican a las artes sonoras de forma exclusiva, 151 son hombres, 47 son mujeres y 3 se identifican como género no binario»[1].  Entonces, ¿qué estereotipos son los que aún persisten y que afectan la participación de las mujeres en la música?

El Observatorio realizó una investigación para conocer un proyecto de gestión y creación en este campo que es dirigido por Ana Cachimuel, cantora kichwa, quien forma parte de proyecto musical Yarina. Desde la provincia de Imbabura, junto a un grupo de mujeres, Cachimuel visibiliza las problemáticas que enfrentan y la falta de apoyo económico por parte de las entidades públicas locales. Pero también muestra la importancia de los espacios de cuidado desde donde las mujeres se posicionan como agentes de cambio.

Sinchi Warmikuna: hacer música es hacer comunidad

En el 2016 nace el Encuentro de cantoras Sinchi Warmikuna liderado por Anita Cachimuel. Sinchi Warmikuna —que ha tenido seis ediciones hasta la fecha— inició como un proyecto radial que luchaba por los derechos de pueblos y nacionalidades. Este se planteó como un espacio de participación que sea incluyente para hombres y mujeres. Sin embargo, inicialmente contó con la presencia solo de mujeres con la finalidad de visibilizar a las cantoras de los pueblos, comunidades y la comuna.

Ana Cachimuel

Ese fue el motivo para la elección del nombre del Encuentro. “Sinchi Warmikuna” viene del kichwa y se traduce como mujeres fuertes, mujeres fuertes que hablan de frente, dice Ana Cachimuel y en estas palabras que recogen el espíritu del proyecto.

En su momento se cuestionaron la razón por la que, a pesar de la apertura, no asistían hombres a estos espacios y tras reflexiones se dieron cuenta de que el motivo principal era porque estaba liderado por una mujer.

En ese sentido, los roles de género tienen un importante peso, pues el liderazgo de proyectos musicales ha estado más asociado con la figura masculina. Sin embargo, cuando una mujer es la directora y/o el proyecto se dedica a un tema exclusivo en relación a la mujer, surgen algunas tensiones que, Ana Cachimuel identifica con precisión:

(…) Y es precisamente porque desde su forma de pensar no validan este trabajo, desde un planteamiento de la mujer, o porque simplemente no se interesan los temas que tracen conceptos desde lo femenino.

Por otro lado, al iniciar el proyecto la gente nos quedaba viendo raras, nos decían: ¿Ustedes mujeres, no tienen marido? ¿Por qué no se van a cocinar?, ¿Por qué dejan a sus guaguas solos? Desde esta perspectiva nosotras como mujeres hemos sido las más criticadas, y las más violentadas.

Sin embargo, poco a poco se rompen estos esquemas y la aceptación del público empieza a fortalecer los espacios de participación. Así mismo, se ha diversificado la agenda de los Encuentros y se incluyen actividades como el cine, creaciones artísticas, talleres de campo, residencias artísticas, exposiciones de artesanía hechas por las propias mujeres, ferias gastronómicas, etc.

Además, en este espacio se plantean nuevas formas de hacer música. De tal forma que se decide pasar el micrófono, vincular a otras mujeres rurales, mestizas, mujeres de otras comunidades, “mamas cantoras”, mamas curanderas, entre otras. El Observatorio conversó con Grecia Albán

quien nos contó como a partir de su experiencia con el grupo Antakarana se explica el inicio de la colaboración con Sinchi Warmikuna:

Grecia Albán y Juliana Khalife mientras entrevistan a una cantora de Sinchi Warmikuna. Fuente: cortesía de  Grecia Albán.

Junto con mis amigas de Antakarana —un grupo vocal femenino— empezamos a investigar y a vincularnos con la intención de aprender cantos, sobre las comunidades kichwa, y a partir de esto surge la necesidad de generar intercambio, talleres, ferias y a través de conciertos va apareciendo la figura de residencias de creación y de desarrollo de músicas que ya existían.

Si bien, estos Encuentros surgen desde una necesidad en Otavalo, nos planteamos también a pensarlo a nivel de país. Pues existe una necesidad de generar espacios para la participación de las mujeres en la música.

La apuesta política como mujeres también es por el cuidado comunitario, que puede pensarse como una posibilidad otra para relacionarse, aunque no se viva en la ruralidad o se sea indígena. En esa línea, Grecia Albán nos dijo que la vida en comunidad implica una mayor consciencia sobre lo colectivo que priorice la reproducción y el cuidado de la vida humana y no humana, por lo que también puede (y debe) ser urbana. Sinchi Warmikuna nos invita a repensar nuestra relación con la vida y la cultura en comunidades territorializadas e inestables.

Virgen y volcán, de la cantautora Grecia Albán. Fuente: YouTube de la artista.

Fomento para los Encuentros en la virtualidad

Durante la pandemia se realizaron el Sexto Encuentro en formato virtual a partir de fondo que consiguieron gracias al Instituto de Fomento a la Creatividad e Innovación del Ministerio de Cultura. Este incentivo económico les ha permitido conformar un grupo de cantoras, y a su vez, reflexionar sobre las problemáticas que viven las mujeres en esta disciplina en países como Argentina, Bolivia y Chile.

Por otro lado, Sinchi Warmikuna es un proyecto que no tiene fines de lucro y se ha dado con y sin dinero, muchas veces poniendo el esfuerzo, las ganas, el entusiasmo, como la principal materia prima. De ahí que una economía comunitaria es la sostiene esta iniciativa. Al respecto, Cachimuel dice que:

Ya vamos aterrizando y también planteándonos otras formas de sostenimiento de la organización. Entonces se piensa ya hacer los festivales y generar un tipo de economía comunitaria. Primero las cosas que tenemos y producimos nos vendemos entre nosotras mismas, nos vamos consumiendo nuestros propios productos. Y de esta manera generar economía entre las cantoras y eventualmente extendernos hacia la comunidad.

Las cantoras han sabido tejer una relación que les permita sostener este proyecto musical y esas otras múltiples ocupaciones como la agricultura, la medicina ancestral, o la costura. En ese sentido, Sinchi Warmikuna es posible gracias a la comunidad que ayuda a gestar el festival desde una economía comunitaria de autoconsumo.

Quinto Encuentro Sinchi Warmikuna. Fuente: YouTube del Encuentro.

El cuerpo femenino en las dinámicas de producción

Remedio Zafra señala la importancia de recordar que “quienes crean tienen cuerpo. Un cuerpo que habita lugares con identidad y que transita espacios”[2]. En la música como en otras disciplinas artísticas, la superposición de los tiempos, actividades y el pluriempleo hacen que el cuerpo de las mujeres se precarice, pero el trabajo en comunidad puede aligerar estas cargas.

Esta lógica del cuidado también se aplica a la organización del Encuentro de mujeres. Actualmente, Sinchi Warmikuna se encuentran en un tiempo de reposo, para generar otros pensamientos y continuar con la organización. Vale recalcar que las instituciones culturales locales no brindan un acompañamiento a estos colectivos y espacios culturales.

El factor económico ha sido impedimento, pero no las detiene, sobre este aspecto Cachimuel comenta que:

Este camino ha sido fuerte, bastante duro, más que todo porque no tenemos un recurso estable desde donde nos podemos plantear seguir trabajando solamente en el Encuentro. Pero ha sido interesante la participación activa de la mujer, y el pensar en cómo generar recursos económicos para el sostenimiento. Esta ha sido como una lucha permanente desde nuestras propuestas.

Tejer comunidad, sembrar esperanza, gestar desde la persistencia, ha caracterizado a este grupo de mujeres que se unen por la música, la lengua y el deseo de hacer comunidad.

Sinchi Warmikuna es una experiencia en territorio que acoge a mujeres y que espera ampliar su propuesta para que, mujeres de cualquier sector, migrantes, trabajadoras remuneradas y no remuneradas del hogar sean parte de este movimiento donde el arte es un motor de cambio. Un esfuerzo desde la comunidad para romper el techo de cristal, pero que podría potenciarse con el desarrollo de políticas públicas, desde las instituciones culturales, para incentivar la visibilidad e igualdad de las mujeres en el sector musical.

Bibliografía

[1] «Resultados de la encuesta de condiciones laborales en trabajadores de las artes y cultura». Termómetro cultural. Universidad de las Artes, 2020.

[2] Zafra Remedio, «El entusiasmo», Barcelona; Editorial Anagrama, 2017, 21.

*Gissela Maribel Carlos Espinoza es Licenciada en Artes Musicales y Sonoras (Uartes). Tiene un Diplomado en Músicas en Territorio (UNA). Y actualmente es estudiante de la Maestría en Políticas Culturales y Gestión de las Artes.

Esta es una colaboración del equipo de redacción de Cultura en Renglones.

*Las opiniones expresadas en este texto son de exclusiva responsabilidad de su autora y no representan la posición del Observatorio.

 

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