La cultura bajo el signo de Moreno

Por Pablo Cardoso

Director del Observatorio de Políticas y Economía de la Cultura de la Universidad de las Artes

Foto: Secretaría General de Comunicación de la Presidencia

El Observatorio de Políticas y economía de la Cultura de la Universidad de la Artes presenta un Informe Especial por el fin del gobierno del presidente Lenín Moreno. Además de esta nota introductoria, el informe publicará en los siguientes días una infografía que presenta a los 4 ministros de Cultura de este periodo, dos testimonios de ex funcionarios del régimen y una nota biográfica.  Adicionalmente, invitamos a los lectores a visitar la sección ‘Cultura en renglones’ que contiene el trabajo periodístico trabajando en los recientes meses por el Observatorio http://observatorio.uartes.edu.ec/noticias/ .

Esperamos que estén atentxs a las próximas actividades del Observatorio, entre ellas el 1er Encuentro de Políticas y Economía de la Cultura que se realizará entre el 21 y 26 de junio de forma virtual.

Realizar un resumen de las políticas públicas de la cultura durante el gobierno de Lenín Moreno no debería ser muy diferente a constatar la pobre evaluación general de otros ámbitos de su ejercicio gubernamental. Para empezar, es preciso señalar y abordando precisamente lo cultural, que también en este ámbito se observó esa característica general de vaciamiento de contenidos de la política y de banalización de la palabra, que se articuló en discursos sin ninguna solidez y que fueron mutando en función de la conveniencia y el beneficio de aquellos que -tras bastidores- ejercieron realmente el poder.

En su defensa está quizás el marco económico en el cual se desempeñó: la fase decreciente del ciclo económico, que marcó una degradación general de las condiciones de vida de la población a partir del inicio del descenso de los precios del petróleo en el año 2015. Pero en su contra, y lo cual fue su propia y total responsabilidad, está su elección política de guarecerse bajo la egida de todos los establishments posibles. Entre ellos, la doxa del multilateralismo continental, en quienes se escudó para aplicar una férrea política de ajuste económico y de reducción progresiva de las capacidades del Estado. El punto más álgido del conflicto político sucedería en octubre 2019 con las jornadas de movilización popular contra la eliminación de los subsidios a los combustibles —hecho que consumaría mojigatamente— una vez que la población estaría encerrada unos meses después. Lideradas por el movimiento indígena, las movilizaciones de octubre son también un significante cultural importante, cuya naturaleza desnudó a una sociedad dividida y clasista.  Finalmente, el golpe de gracia —y también la excusa perfecta para cerrar un gobierno sin luces— fue enfrentar a una pandemia global, cuya gestión ha sido calificada por varias agencias periodísticas internacionales como ‘una de las peores en el mundo’.

Las actividades culturales, en este turbulento contexto, como puede ya intuirse han sufrido la contracción más importante desde el inicio del siglo XXI. Su ejercicio ha venido cayendo linealmente desde hace un lustro: el nivel de producción cultural en 2019 fue apenas mayor al de 2013 y menor al de 2014, que aparece como el año de cambio de ciclo para la producción cultural nacional. El pasado 2020, ya en medio de la pandemia, según las mediciones oficiales, las pérdidas del sector varían según las actividades culturales, entre el 40 % y el 60 % de las ventas en relación al año anterior. Entre marzo y diciembre de 2020, el Sistema Integrado de Información Cultural (SIIC) estimó que las industrias culturales presentaron pérdidas por alrededor de los USD 225,24 millones, considerando que para los meses de marzo a mayo estas actividades tuvieron una paralización del 85%.

 

En este contexto, la constante del gobierno de Moreno en el campo cultural en relación al periodo anterior, es la inestabilidad institucional, con una cifra que se mantiene intacta: un ministrx promedio anual. En términos de consolidación institucional del Sistema Nacional de Cultura hay un balance totalmente negativo, comenzando por la fallida creación y la también fallida desaparición —sí ambas fallidas y en el mismo gobierno— del Instituto de Fomento para las Artes, la Innovación y la Creatividad: del IFAIC al ‘nuevo’ IFCI (Instituto de Fomento a la Creatividad y a la Innovación), con la desaparición del ICCA (Instituto de Cine y de Creación Audiovisual) como ‘daño colateral’. Desoyendo la condena casi unánime de uno de los sectores artísticos con mayor tradición y organización del país, que vio desaparecer de la noche a la mañana a una institución forjada durante 15 años para el desarrollo del audiovisual nacional.

Para completar el panorama de caos institucional, el gobierno finalizará cerrando los ojos ante un empantanado proceso de renovación de autoridades de la Casa de la Cultura —nacional y núcleos provinciales— detenido por un amparo constitucional que señaló vicios al momento de conformar su padrón electoral.

Del lado del Patrimonio y la Memoria Social, la inauguración del Museo Nacional (MUNA) en 2018 fue un hito esperanzador que lamentablemente fue fugaz. El primer testimonio que se incluye en este Informe Especial, narra el progresivo desmantelamiento del MUNA en el marco de una errática gestión gubernamental sobre las políticas del archivo y de la memoria, que de manera figurada podemos decir que han penado entre los edificios Aranjuez y el de la ex sede de la UNASUR.  En efecto, los patrimonios nacionales enfrentan hoy en día uno de los más difíciles momentos, pues gran parte de las actividades requeridas para su salvaguarda han sido detenidas como consecuencia de la pandemia y también por decisiones de recortes presupuestarios adoptadas a distintos niveles. Para cerrar con broche de oro el periodo presidencial, se deroga el Acuerdo Ministerial que establecía el acceso de visitantes nacionales y extranjeros a museos y centros culturales públicos de manera libre y gratuita.

En lo que concierne al Ministerio de Cultura, la apuesta inicial morenista estuvo también apegada a su gusto por el establishment, primero del tipo añejo y clientelar. El periodo de gobierno comienza con un ministro que no cree en la ley que debe aplicar, y que representa a la vieja guardia de la cultura del país. El mandato de Raúl Pérez Torres estará caracterizado por el descontento y las movilizaciones del sector cultural, por la sensación, otra vez, de tiempo perdido y por un juicio político -también a destiempo- en la Asamblea Nacional. La no consolidación del Sistema Nacional de Cultura fue desde entonces una de las marcas constantes del gobierno: políticas a medio hacer, reglamentos impropios, actores y segmentos del campo cultural desarticulados y bregando aisladamente.

Después de la consulta popular de 2018 que marcaría el viraje total de la política del gobierno a la derecha, el golpe de timón en el ámbito cultural llega durante el periodo de cambio del circulo íntimo de poder de Moreno, y en el cual el comodín de la renovación generacional operado por el grupo de la Ruptura y sus acólitos, aportaría con la refrescante figura de Juan Fernando Velasco. Estrella pop y uno de los artistas ecuatorianos de mayor éxito en las plataformas musicales digitales, venía de dirigir SAYCE con algunos sobresaltos y cuestionamientos a su gestión. Las expectativas que generaba su arribo, en un sector del campo cultural capitalino, se sustentaban principalmente en su legado intelectual al ser el hijo de uno de los más interesantes pensadores de la sociología nacional y en la curiosidad que despertaba conocer con qué concepción de economía creativa llegaba, en lo que se planteó como su principal carta de presentación y bandera durante su gestión.

Rápidamente, las ilusiones se desvanecieron al confirmar su visión unidimensional de la economía y de la cultura, en lo que fue una copia de las políticas naranjas implementadas en países vecinos. El plan ‘Ecuador Creativo’ es lanzando con bombos y platillos y fija como objetivo llegar a que la economía creativa logre representar el 3 % del PIB nacional. El Plan, que no fue plasmado en ningún documento, se sustenta básicamente en una colección de incentivos para fomento de la oferta, que encuentran un doble límite: en el desconocimiento de la diversidad y heterogeneidad de los actores culturales a la hora de plantear incentivos para la producción. Y, en la inercia burocrática interinstitucional que boicotea desde un inicio la implementación eficiente de las medidas planteadas, como por ejemplo, beneficiarse de reducciones arancelarias en la importación de equipos e insumos. Esto sin abordar las limitaciones de una política que, desde la misma economía olvida por completo ocuparse de la demanda, o de forma más amplia y pertinente, ignora el cumplimiento de los mandatos constitucionales relativos a los derechos culturales y a la educación en artes.

La llegada de la pandemia y la apuesta electoral de Velasco, quien se candidatiza a la presidencia para recibir menos del 1 % de la votación popular, son la perfecta excusa para bajar el tono de la preminencia del discurso naranja. En el ínterin, asciende fugazmente su viceministra de patrimonio, Angélica Arias, la única ministra mujer del periodo, y que representaría en realidad una transición de pocos meses para dar paso a la entronización de Julio Bueno, quien se posiciona tras 4 años de haber acompañado desde Carondelet a Moreno como parte de su círculo íntimo en todo su ejercicio del Poder.

Sobre Julio Bueno, otro músico connotado, no diremos mucho en este texto pues hemos decidido, por su peso y legado en la política cultural ecuatoriana, dedicarle un perfil sobre su trayectoria dentro de este Informe Especial.  Su paso por el Ministerio de Cultura parece un escalón más en una sostenida carrera política de más de 30 años. A esta hora, no sabemos si su gestión en el ministerio es la culminación de sus funciones públicas o una transición hacia nuevos escalones. En lo que puede ser considerada, hoy en día, como una las influencias más determinantes de la realidad política e institucional de la cultura del país.

 El presente informe ha sido preparado por la redacción de Observatorio de Política de la Cultura y cuenta además con colaboraciones externas, a quienes agradecemos. No pretende ser exhaustivo, pero busca compilar algunos datos relevantes para el campo cultural durante el ejercicio que se cierra y que esperamos pueda servir para que cada lectorx plantee su propio juicio al respecto de la Cultura bajo el signo de Moreno.